EN ESTA PARTE DE LA CIUDAD
El río desolado está más que muerto
con sus pezuñas tratando de alcanzar el milagro de la tierra,
ferias y paseantes se estiran como gatos.
Ha pasado una turba y lo ha quemado todo.
En toda la ciudad no queda nadie
y han salido a festejar los insectos y los hierbajos,
pían algunos pájaros sorprendidos
sin poder ubicar un árbol en los callejones.
También están las culebras y los renacuajos
felices en medio de los empozamientos.
Han salido igualmente fieras descorazonadas
a ponerse al sol del menguado otoño.
Todos los humanos encerrados en sus madrigueras
contemplan con tristeza desde sus balcones
al águila orgullosa y al cóndor placentero
sobrevolar un nítido cielo inaugural.
De todas partes asoman en algarabía
tanta araña murciélagos huemules y llamos,
masticando los pastos a los pies de la cordillera
y como si esto fuera poco, salen los peces.
El río, entonces, ronca otra vez y sonoro
impone impetuoso su larga cabellera de invierno.
Hasta un delfín de agua dulce trepa por escaños.
Los seres humanos solo observan el sacrificio.
Pareciera que todo se reordena y que de alguna parte
de la galaxia, un meteoro hará el milagro:
Olas gigantescas limpian las grandes zonas
y si hubo ciudades, hoy hay selvas y montañas
ríos estruendosos y lluvias torrenciales,
espléndidos habitantes comiéndose unos a otros,
vacas y ovejas pastando iracundas como leones,
murciélagos reyes de todo el globo terráqueo.
19032020
Mañana.
El río desolado está más que muerto
con sus pezuñas tratando de alcanzar el milagro de la tierra,
ferias y paseantes se estiran como gatos.
Ha pasado una turba y lo ha quemado todo.
En toda la ciudad no queda nadie
y han salido a festejar los insectos y los hierbajos,
pían algunos pájaros sorprendidos
sin poder ubicar un árbol en los callejones.
También están las culebras y los renacuajos
felices en medio de los empozamientos.
Han salido igualmente fieras descorazonadas
a ponerse al sol del menguado otoño.
Todos los humanos encerrados en sus madrigueras
contemplan con tristeza desde sus balcones
al águila orgullosa y al cóndor placentero
sobrevolar un nítido cielo inaugural.
De todas partes asoman en algarabía
tanta araña murciélagos huemules y llamos,
masticando los pastos a los pies de la cordillera
y como si esto fuera poco, salen los peces.
El río, entonces, ronca otra vez y sonoro
impone impetuoso su larga cabellera de invierno.
Hasta un delfín de agua dulce trepa por escaños.
Los seres humanos solo observan el sacrificio.
Pareciera que todo se reordena y que de alguna parte
de la galaxia, un meteoro hará el milagro:
Olas gigantescas limpian las grandes zonas
y si hubo ciudades, hoy hay selvas y montañas
ríos estruendosos y lluvias torrenciales,
espléndidos habitantes comiéndose unos a otros,
vacas y ovejas pastando iracundas como leones,
murciélagos reyes de todo el globo terráqueo.
19032020
Mañana.
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