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miércoles, marzo 03, 2010

TERREMOTO EN CHILE

Escribo rápido y cansado
sigue insistentemente moviéndose la Tierra
sencillamente no para

Mi hija escucha su cuento diario
La mayor observa la TV con la mirada fija

El teléfono no para de sonar:
Mi vecina: junten agua, se está cortando.
Cinco minutos. Llenamos un par de botellas
y se corta definitivamente

(Las noticias del sur son estremecedoras:
luego del pillaje y la locura, el pánico
por un doble maremoto o tsunami -de niño
en Iquique nos grabaron a fuego el temor
a la salida del mar y los temblores. En esa
época solo se llamaban maremotos)

Me llegan mails con nombres de personas
encontradas y que desean hallar a sus familiares.
Me conmovió una niña que quedó completamente sola
y busca a su padre en Santiago. El resto, se ahogó.

En la ciudad se huele el nerviosismo:
en los paraderos, las esquinas, en los negocios.
Ayer en el supermercado las cosas se iban
acabando rápidamente. Nosotros hacíamos
nuestra compra mensual, pero ya no había leche,
harina, atún en conserva; para el pan como nunca
debí hacer una fila de cuarenta y cinco minutos.
(La vida es eterna en cinco minutos: Víctor Jara)

Vi hoy muchas peleas y discusiones nerviosas en las calles:
Un hombre mostraba una cortaplumas a un chofer
del famoso Transantiago. Ahora que veníamos en el metro,
una pelea sin asunto. (Hay temor a las turbas que asaltan:
como que se han embravecido y, oportunistas, se aprovechan
del temor y el caos: Huelen donde husmear y hurtar)

Otra vez tiembla. Luego del terremoto en Chile
(tenemos la friolera marca de inclinar unos segundos
el eje de la Tierra) no ha parado de temblar.

Acostumbrado como estoy a los sismos,
sencillamente éste se pasó: La tierra se movía
como labios que se abren furiosamente.
Y el ruido, el sonido era el mismo tronar
de Zeus escandalizando el Universo.
Un ruido terrorífico que ni el mejor filme de Hollywood
ha logrado reproducir: te metía en el corazón
mismo del pánico.
(La vida es eterna en cinco minutos)

La luna extraña maravillosa testigo único
otra vez fue Diosa e iluminó las calles
como amparándonos en su regazo.
La luna extraña maravillosa redonda alba
en el cielo contemplando como un testigo triste
cómo la tierra nos azotaba.
La luna extraña maravillosa testigo único
de nuestros pavores ancestrales y cósmicos
nos regalaba su dulce luz hasta que se ocultó
y la oscuridad fue total: Negra Noche.

Ese día 27 de Febrero no dormimos más.
Los ojos transidos y enlutados.
Aguardamos a que el sol -ese día demoró mucho-
hiciese su notable aparición -sin embargo fue la luna
la protagonista redonda alba maravillosa extraña-
Tal vez dormimos cinco minutos, no fue más
que eso: Las niñas, no las podíamos dejar solas
y el agua y la luz y los temblores sucediéndose
uno tras otro, uno tras otros -la vida es eterna
en cinco minutos-

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