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martes, octubre 20, 2009

DOCE POEMAS DE AMOR

11

Tengo hambre de ti
tal vez escuché en más de una canción
y leí en más de un poema
hambre de tu boca
de tu piel
de tus dedos

puede que lo haya leído en otra lengua
que no habló y que quizá hablé
en otro tiempo en otro estado en otro mundo
tengo hambre de ti inscrito en un muro
en el pedagógico en algún escaparate
de algún negocio empolvado y remoto
tal vez en la calle veintiuno de mayo
o esmeralda o merced
o en algún boliche de esos a los que solía ir
cuando los veinte años y rimbaud en la sesera
esos tugurios malolientes con vinos tres tiritones
dignos de un poeta maldito en los ochenta
la serena la clínica y tantos otros el reloj las palmeras

tengo hambre de ti rayado en las mesas circulares
pintadas de rojo con un mantel de hule
y varias botellas de vino y mucho cigarro
muchas horas ganadas a las horas
muchas noches dentro de otras noches
tengo hambre de ti
de tu boca
de tus manos
de tu piel

tengo hambre de tu orgasmo
de la luna derramándose ardiente sobre
los rieles de un tren oxidado
de los cuartos a donde te amé
de tu sonrisa y tu ropa interior
tu manera de bailar sobre la cama
y reír mientras bebo una botella de vino
tengo hambre del bar donde comíamos
a las cinco de la mañana
luego de haber hecho el amor
y luego de confabular en hacerlo de nuevo
antes que tu casa abriera sus goznes parturientos

tengo hambre de ti
de los viejos aeroplanos en los años veinte
de los poetas de montparnasse leyéndolos
como locos sentados en las bermas
buscando cigarrillos chupados y huérfanos
de nadja reinventándose en nuestros aromas
de kandinsky diluyéndose en el rojo
de una patria de poetas solitarios y alcohólicos
dylan thomas baudelaire nuestro teillier
y cómo no el granuja de sergei
tan amado su hombre negro
todos esos libros que leí recostado
en tu vientre luego del amor
con un cigarrillo humeando y un vaso de vino
y tú delirando feliz mi loco poeta

tengo a hambre de ti
mi loba mi pantera mi gata negra
mi perruna alterando los cables telefónicos
y los altavoces con un grito
más allá del grito
con la noche viniéndose entera adentro de nosotros
y el mar triste y más triste sin rugido
porque el rugido te lo tragaste tú
porque el rugido eres tú
mi loba mi pantera mi gata negra
mi perruna leyendo tres notas
que nos dan el aliento
de las notas dodecafónicas
que componen la vedadera música del universo.

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