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domingo, mayo 16, 2010

LA CASA VACÍA

Entras a una casa vacía.
Sobre el piso hay una carta.
Piensas que al fin ella es.
Con temor te acercas.
Tomas el papel y es
una cuenta de teléfono.
¡Mierda! Exclamas.
¡Esto no tiene nombre!
Sentencias. Y te vas
como un perro enajenado
a la ducha. Un chorrón
de agua fría endurece
tu alma. ¡Así está mejor!
Te dices para ti mismo.
Tomas un café extra cargado.
Me siento bien. Muy bien.
Te arengas. ¡MUY BIEN!
Pero la casa está vacía.
La mujer que amaste
por tantos años. La de la U.
Esa izquierdista a toda prueba
te ha dejado junto con el gobierno.
Ahora hay un gobierno de derecha
y ella no está en ninguna parte.
Ya no quieres leer las noticias.
Temes ver su rostro por ahí.
Esa hermosa chiquilla rubia
que lanzaba piedras a los pacos
en los ochenta y vivía en Las Condes.
La misma que su padre te odió.
Aquella izquierdista que fumaba
y bebía vino navegado junto a ti.
La misma con la que luchaste
codo a codo somos mucho más que dos.
Con la que ibas a las peñas
al lado de una catedral.
La que un día apareció
más bella que nunca
y le ofreciste matrimonio
apenas tuvimos democracia.
¡Te acuerdas! Lloraron los dos
celebrando la vuelta a la democracia.
Creíamos muchos que esto iba a ser distinto,
pero igual los milicos hicieron el boinazo.
Te vuelves a servir otro té muy cargado.
Lees los poemas del ex poeta Cuevas.
Piensas en el momento en que te dijo:
¡Sartre ha muerto! ¡Que viva Sartre!
Y se te desmorona todo por dentro.
pero no es época de existencialistas.
Ya tienes casi cincuenta años.
Y ella no está contigo.
Te dejó. Nunca te dio un hijo.
Nunca quisiste un hijo. Era la lucha política
o formar una familia. Y preferiste la política.
Ahora no tienes gobierno ni un hijo
que te venga a visitar y beba contigo
vino navegado y coma sopaipillas pasadas.
Estás más solo que nunca. Y lo peor:
la política te importa una buena
¡MIERDA!

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